20.9.13

realidad

Alguien dijo que el futuro está en el agua.
Hija, yo te enseñaré a nadar.

Lloraron cuando las reses morían
sin caminar
y las comieron igual.

Yo te daré árboles que cosechar.

El cielo se tornó espeso, irrespirable.
Cerré los ojos,
abracé tus lágrimas
y maldije la imponente realidad.
Tal vez soy un ave.
Una escama de colores.
Terciopelos.

O un ovillo en el mar
que besa las algas en su danza
final.
Prohibir espacios,
cortar palabras o cobrar;
todo es un tablado viciado.

Mundo que se yergue sobre el mundo natural
forrado de latex, concreto y carteles de propiedad.

Todo es uno.

El cuerpo quiere aire, espacio y libertad.
El mío quiere abrirse al aire, al sol y la dulzura
de dejarse amar como animal.

universal

Hablar de amor es decir tierra
oscura, fértil, capricho de lombriz y mar.

Es poblar un espacio pequeñito
de trinos rescatados y huellas que se van.

Yo te cubro de besos
y traigo semillas para dar.

Yo recibo tus manos que trabajan.

Soy un cuerpo devuelto en celo universal.
Qué puedo darte en esta vida
para solaz de tu alma o la mía.

Qué herramienta podría erguirse
sobre el humo y los caminos, la brea y los venenos de la modernidad.

Desahuciada
te dejo mis deseos.

El sueño arcaico de que puedas revertirlo
y la terrible sospecha de que simplemente

te adaptarán.

testamento

Yo te lego, hija,
esta caja de cemento con antenas
y botones que te harán comunidad.

Zapatos para andar por el asfalto
quemante de la ciudad
y cables en el cielo que conserven
la casa en su lugar.

Te lego, princesa, dos duros cauchos
que te lleven urgente a almorzar
cuadrados crocantes de una pasta
con copyrigth.

(Y una bolsa pequeña que atesore
el último damasco nacido en libertad).
Dónde está la tierra,
la calle, los abrojos,
la sombra medianera del laurel,
los senderos de títeres y caracoles

Y el aleteo aquel
era un nido que crecía entre las ramas
de mi patio y mi niñez.


Alguien ha talado la inocencia, el ave, los muñecos, la calle y el laurel.
Resisten los caminos de barro y libertad

Senderos de frutilla,
renacuajos,
un hoyo para adobar
hogazas de pepitas.

La tarde de kinotos
vertida de collares vegetales.

Fluye la siesta entre chicharras
y cornetas que arropan la parroquia.

Duerme la casa.

Barrunta la inocencia de jugar.
He de morime,
niño.

Alguna tarde
no será el agua  asesina
ni la lumbre ni la ciudad

Alguna vez podrás abrir los ojos y escuchar:
así agonizan las grandes criaturas

en su jaula blanca 
con ojos fríos 
sin aletear.
Que soberbia
Pedirle al mundo que acepte

Las cunas de metal
Ciega la mano torpe y pétrea
como una cascada lejana de pájaros de manos

¿quién me recorrerá esta madrugada
cuando las estrellas suspendan su danza profana y sólo haya preguntas?

¿cuándo me hice piel
y mis párpados abrieron el ocaso

sobre la cúpula boreal del deseo?
La noche respira lenta lejos.
Demoro siglos en llegar a tu boca
frondosa
turgente de granadas.

Olvidaría hasta el último latido
el instante del beso.

Deseo palpitándome las sienes 
gritando hasta el desmayo.

La mano que me roza la mejilla

enciende mil timbales.
Una ciudad se contruye
esta madrugada
alrededor de mi ausencia

Donde no estoy 
allí
alguien me espera

Allí quiero estar
ciega de moldes
devorando nenúfares

Quiero estar sobre dentro desde
y callar palabras inútiles

de describir el deseo
Qué importa este océano morado.
Qué nos mira.

Habrá de dilatar como uva pronta,

abrupta voluptuosa y sensual

piel

Piel buscando piel buscando espacios de piel
mojada.
Semilla suculenta
la mordida de la noche.
Me crece tu césped en temblores lentos
profanos.

barrilete

Más allá de las mieses arrobadas
rezumando néctar de la siesta del otoño
te llevaría.

Aún planea sin sentido un barrilete
que olvidamos en la noche de los pájaros.

Vos, porque nunca lo supiste
Yo, porque poblé de nimbos y timbales


el primer huerto de la inocencia.

Señuelo

Recorro infinitos como libros.

Me aprisiono líquida
colmada de perfumes inicuos.

Todo existe dentro
como cálices de jacarandá.

Y llega la pira de la memoria:


señuelo fatal donde van a morir las ballenas.

Ausente

La madrugada demora tu viña blanca.
El tiempo se yergue polar
sobre las curvas pétreas de los destinos.
Allí donde nos perdimos
yo te devoro, yo me devoro en tus venas
abismales.
Una ciudad se construye esta madrugada
alrededor de mi ausencia.
Donde no estoy
allí
alguien me espera.

deseando y no deseando

Demoro siglos en llegar a tu boca
frondosa
turgente de granadas.

Olvidaría el último latido y la última bocanada
el instante del beso.

Tu nombre palpitándome las sienes hasta el desmayo.

La mano que me roza la mejilla
enciende mil timbales.

Mis labios sienten la música de la siesta
los grillos las medusas las caléndulas los nísperos
y las flores violetas sin nombre de aquel refugio secreto.

Todo se estremece bajo los cuerpos.

Soy labios en la siesta
deseando y no deseando que estés y que no estés.

caminos

Medusas en la cara
otra vez ahogan mi cuerpo de quelíceros.
Los espacios se ahuecan en ausencias.
Aire vida deseo desdibujado.
Dónde está mi centro liberado.
Dónde mi abrazo
mi semilla
mi ser

Extraño esos caminos sagrados
el solaz de la fe.

Quimera

Sólo quiero pensarte.
Ni orquídeas ni bombones ni brillantes.
Un gorjeo desnudo en una roca nueva.
Ni libros ni matices.
Ojos como cálices mecidos en el ámbar de este anhelo.
Ni suspiros ni ausencias.
La siesta se reclina en un dibujo
que nunca vi.
Sólo espira el instante inmaculado
que arrullamos con dedos distantes


en la bruma tibia de esa íntima quimera.

pleonasmo

Bajo el reloj permanezco
tácita y vehemente.

No hay ciencia que discurra los minutos
más urgente que el péndulo rugoso del deseo.

Una huella hilvanada hacia el futuro
germina pleonasmos.

él me espera…
él me espera…
él me espera.


6.9.13

Insectos abandonan sus caminos.
Plástico disfraz.
Alguien devora las semillas,
los pastos, los guijarros,
el imperio ritual.

Sólo quedan los nidos minerales,
la garra áspera
y escoria digital.

Antorcha del delirio
-devana los patrones del sentido-
y luz artificial.
Sabe la ciudad su sombra suelta
deshabitar.
Un grillo desdibuja los contornos
de la infinidad.

No ilustra el acordeón esa conciencia
sideral.

Ella vendrá otra vez a demorarme.
Ella vendrá.
Dibujo jaulas en la madrugada.
Despierta.
Hoy no quiero jugar.

Afuera está nevando
cascarones.

Despierta.
Hoy quiero descansar.
Luna de plumas en los sueños
Albo silencio natural
Beso tus ojos
me estremezco
lejana, invisible, dormida y solar.
la noche anida deseos vanos
de luna y vos
El cielo se transmuta en campanadas
nacar para amar
Los pájaros conocen mi silencio
y hechan a volar.